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El río Dordoña
forma aquí magníficos meandros y han
esculpido los acantilados calcarios.
Gracias a las carreteras que suben hasta la
cumbre de los « cingles » de Limeuil y de
Trémolat, miradores naturales desvelan un
panorama único de la región. La vista se
extiende sobre 180 grados, las dos curvas
casi perfectamente simétricas se unen ellas
mismas por una tercera invertida. Al
interior de las curvas, el paisaje de las
tierras agrícolas muestran su mosaïco de
colores.
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