Version FrançaiseEnglish Version


Pàgina Inicial

Bastidas

Castillos

Museos

Pueblos

Monumentos Religiosos

Parques y jardines

Cuevas

Otros Lugares


Cómo venir









Buscar

Reciban cada semana
las noticias del “Pays” :
Pinchen aquí para
escribir su e-mail.


 
  Añadir esta página
  a mis favoritos
Añadir esta página a mis favoritos



Contácte con nosotros
Informaciónes legales

 

 


En el Pays de Bergerac los mercados son sinónimos de gastronomía y vida. Allí, en un ambiente simpático y según un rito inmutable, es donde cada uno podrá descubrir los mejores productos locales... Tradicionales o temáticos, por todas partes esos mercados son muy concurridos gracias a la calidad de los expositores, muchas veces al prestigio de los sitios, y ¡siempre al ambiente convival!


BergeracMovimiento y tradición

Colores, sabores, olores, movimiento tranquilo... Frutas y legumbres, aves de corral, vino, flores, carnes y conservas, vestidos y herramientas... Así se presentan los mercados del Pays de Bergerac: allí se lo encuentra todo, los buenos productos de nuestras tierras, lo útil, lo fútil y lo agradable, lo esencial o lo indipensable.
Inevitable, el mercado semanal da el compás a la vida de la ciudad, atrayendo a los habituales, a los callejeros, a los que se dan prisa y a los contemplativos, a los parlanchines como a los que callan y, también, claro a los turistas... Que uno esté en Beaumont o Le Buisson, en La Force, Villamblard o Villefranche-de-Lonchat, el concepto y las funciones del mercado son siempre iguales; es un acontecimiento esencial dedicado casi enteramente al “bien vivir” y a los disfrutes de la mesa. Sólo cambia el cuadro, muchas veces admirable, siempre apropriado: plaza mayor de una ‘bastide’, campo de feria sombreado, plazuela de un pueblo medieval, anteiglesia románica...

IssigeacPara todos los gustos
Dos veces por semana, el mercado de Bergerac rodea la iglesia ‘Notre-Dame’: déjese seducir por su amplitud y su diversidad, sus colores y sus perfumes, sus bellas tradiciones. Invitación al callejeo por los mercados nocturnos de Cadouin, Saint-Méard-de-Gurçon, Issigeac o Eymet... Fundadas en una receta sencilla, estas manifestaciones tienen un éxito innegable: por una bella noche de verano,instale vendedores en un lugar simpático, proponga al público diversos modos de cenar, añada un buen ambiente convival, a veces una pizca de música...
En Biron o Pressignac-Vicq, los mercados campesinos valoran los productos de mujeres y hombres apasionados por su oficio. Aquí está, directamente y en exclusividad, lo mejor de las alquerías del Pays de Bergerac: nueces, castañas, vinos, fresas, melones, foies gras... Acompañando ‘l’itinérance en vallée du Dropt’, en agosto, Eymet, Issigeac y Cadouin proponen mercados medievales donde todo buen caballero en busca de una comilona podrá saborear ‘Hypocras’ (bebida a base de vino y especias), pasteles, barquillos, asados y buñuelos, comprarse un montante muy de moda o ¡hacer arreglar su armadura abollada en el último torneo! Los puestos de los mercados de los productores del País sólo presentan productos elaborados, cultivados, trabajados con esmero por las y los que los venden. Todo fresco, sólido, verdadero, formal...
El Bergeracois produce desde hace mucho tiempo productos ecológicos: se puede encontrarlos en los sitios de producción (pan, carne, vino, frutas y legumbres, miel...), en las tiendas especializadas y también en los mercados y ferias en Bergerac, Molières y Fonroque, particularmente. El único mercado de trufas de la región se verifica en Sainte-Alvère los lunes por la mañana, desde diciembre hasta febrero. En las mesas cubiertas de manteles blancos, la diosa Tuber melanosporum se ofrece a la mirada experta de los compradores. Hay como magía alrededor de esas bolitas de vestido granoso color de antracita y, en el aire, flota un perfume tenaz, inimitable, que embruja... Cada otoño, la ‘halle’ (mercado) de la ‘bastide’ de Monpazier hospeda un mercado de hongos (cèpes) muy famoso donde la sola vista de ‘bouyricous’ (cestas tradicionales) bien llenos provoca un atropello ¡hasta un motín! Narices inquisidoras, largas miradas, tratos secretos o gritos... Reflejos grasos y húmedos, olor fuerte
de humus bajo el maderamen venerable...


 

 
 

Volver a la página anterior