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Al río Dordogne, ancho, poderoso, ni siquiera tímido le gusta
dejarse ver y aproximar, hasta, ¡les invita a seguirlo!
Entonces déjense llevar por sus ondas, al ritmo de las
gabarras que antaño, lo seguía, río arriba hacia el Haut Pays’
(Alto País) o río abajo hasta el puerto de Burdeos. Desde
Urval hasta Lamothe-Montravel, les proponemos un viaje en
cuatro etapas que les permitirá conocer mejor esta vía de agua
real, rica de un patrimonio natural, económico e histórico
excepcional. ¡Embárquese en el Río Esperanza!
El
Dordogne natural
Desde Urval hasta Mauzac
Al entrar en el Pays de
Bergerac, cerca de
Urval, pueblo orgulloso de su
iglesia fortificada y de un
horno común notable, el Dordogne se ensancha y se vuelve más
lánguido. Entre Le Buisson-de-Cadouin y
Lalinde, sus aguas claras han
esculpído la roca con paciencia hasta formar magníficos
meandros bordeados de acantilados: los ‘cingles’ de
Limeuil y
Trémolat. Paisajes grandiosos,
panoramas majestuosos encima de las llanuras de
Alles-sur-Dordogne y de Calès: dentro de estas dos curvas,
casi perfectas, los campos de tabaco, fresas, maíz, trigo o
girasol dibujan un patchwork de colores cambiantes. En
Limeuil, clasificado entre
los pueblos más bellos de Francia, el Dordogne se hincha de
las aguas del Vézère. Desde lo alto del
parque panorámico,
sitio del antiguo castillo medieval, se puede admirar los
tejados y las calles que bajan en cascada hacia la confluencia,
que fue puerto en los tiempos del transporte fluvial.
Tiene usted que prever una larga parada en
Trémolat, para tener tiempo
de admirar las cúpulas y las pinturas murales de la
iglesia abacial antes de
tomar la carretera pintoresca que lleva al panorama de
Rocamadou. Al pie del acantilado, el río hospeda y alimenta
una gente alada muy numerosa, siendo el sitio muy tranquilo:
pato, garza, milano, martin-pescador, cormorán, somormujo,
garzota... y aquí está el vasto embalse de Mauzac, donde el
Dordogne tropieza con el dique edificado a principios del
siglo XX; en la Casa del Barquero, en la extremidad del puerto,
se cuenta su historia.
En tiempos del transporte fluvial
Desde Mauzac hasta Bergerac
Al otro lado del puerto, una
esclusa indica la intrada del
canal
lateral al Dordogne: esta obra de unos quince
kilómetros, contruída a mediados del siglo XIX, permitía
alcanzar
Tuilières en seguridad,
evitando los terribles rápidos del Grand Thoret, de la
Gratusse y de les Pesqueyroux. En período de aguas altas,
desfilaban aquí, río arriba o río abajo, pesados cargamentos
de madera, granos, papel, hierro y vinos de la región, o bien
sal, azúcar, especias forzosamente exóticas... Pero, sólo unos
decenios después del principio de su uso, el ferrocarril
reemplazó la vía de agua, los elegantes barcos dejaron el
sitio a los trenes, los barqueros se hicieron ferroviaros...
El fin, brutal, de un largo período de tradiciones y
aventuras... “Bello durmiente”, el
canal es testigo de lo que
fue el Dordogne del transporte fluvial gracias a un camino
que, saliendo de Mauzac, pasa por la ‘bastide’ de Lalinde, la
dársena de Port-de-Couze, el puerto y el puente-canal de
Saint-Capraise-de-Lalinde antes de llegar al dique de
Tuilières; aquí, gracias a
una ingeniosa escalera de
esclusas, el
canal
se juntaba con el río. Aquí se puede ver también un
sorprendente ascensor reservado a los peces migratorios, y un
recorrido evocando la historia del
canal
y de las gabarras.
En
el corazón del Bergeracois
Desde Bergerac hasta Port-Sainte-Foy
La historia de
Bergerac es indisociable del
Dordogne, porque, si la ciudad se desarrolló alrededor de su
castillo, hoy desaparecido, en su puerto es donde se situaba
su corazón (un corazón muy gordo, latiendo al ritmo de las
escuadras de gabarras que aquí atracaban). A dos pasos, las
calles del casco antiguo invitan a callejear entre tantas
bellas obras arquitectónicas y sitios históricos:
claustro de Recoletos,
casa de los vinos de
Bergerac, iglesia Santiago,
museos del tabaco o
del transporte fluvial... Y
escoja el paseo en gabarra en el río: es otro medio agradable
para descubrir la ciudad, !El remate de la visita! En cuento
al camino de sirga, permite hoy caminar a lo largo de las
riberas hasta el dique de
Bergerac, y después, alcanzar
Prigonrieux y hasta, ir más lejos río abajo. Escondido en el
fondo del ‘cingle’ (meandro) de igual apellido, el pueblo de
Le Fleix encierra otros
testimonios de la navigación fluvial, particularmente una cala
y casas ‘à pans de bois’ (de madera y adobe) entre las cuales
unas fueron edificadas con tablas y pedazos de maderamen
recuperados al desmontar gabarras.
Entre
viñas e historia
Desde Port-Sainte-Foy hasta Lamothe-Montravel
Frente a la ‘bastide’ de Sainte-Foy la- Grande, en
Port-Sainte-Foy está el
museo del río y del vino de
Dordogne, que cuenta el río, el comercio de los vinos de
Bergerac
en tiempos de las gabarras, su exportación hacia
Inglaterra y Holanda. Después el Dordogne sigue su camino por
las laderas cuadriculadas por viñas hasta Montcarret, donde
están conservados los vestigios y los preciosos mosaicos de
una villa galorromana. Para ir a la
Torre de Montaigne, hay que
dejar después el valle del Dordogne y seguir uno de sus
afluentes, el Lidoire, que, en otros tiempos, sirvió de
frontera entre obedencias protestante y católica. El filósofo
Michel
Eyquem de Montaigne vivió en
esta bella morada y, aquí escribió sus famosos ‘Essais’ y
murió. La batalla del 17 de julio de 1453 (que permitió a los
ostes franceses echar definitivamente a los Ingleses fuera del
Reino) dio su apellido a la ciudad girondina de
Castillon-la-Bataille; pero en realidad se desarrolló en el
municipio de Lamothe-Montravel. En la ribera del Dordogne, una
estela precisa que Sir John Talbot, el jefe del partido
anglo-gascón murió en la pelea; nos recuerda también que en
estos tiempos remotos, ¡los Ingleses vendimiaban en Aquitania!
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