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Entre los numerosos testimonios arquitectónicos que le legó el
pasado, el Pays de Bergerac puede enorgullecerse de detener
verdaderos tesoros y, particularmente “bastides”, fortalezas,
iglesias y abadías, que, desde la Edad Media, desafían el
tiempo. Siempre perfectamente edificadas, blancas, grises o
pintadas de ocre, nuestras viejas construcciones de piedra les
invitan a un viaje apasionante y siempre sorprendente,
descubriendo este patrimonio excepcional.
Las
‘bastides’ ciudades nuevas de la Edad Media
Entre 1141 y 1350 se construyeron más de 400 ‘bastides’ en el
suroeste de Francia. Fue en el período entre 1250 y 1320
cuando este movimiento a la vez urbano, económico, político y
social fue el más notable y permitió levantar ciudades, que
llamarán más tarde, ciudades nuevas de la Edad Media. En
nuestra región, esas ‘bastides’ decidieron crearlas los reyes
de Inglaterra y Francia, que querían ver crecer su influencia
en una zona difícil, donde los ríos Dordogne y Dropt servían
de fronteras naturales entre Périgord y Agenais.
Beauregard-et-Bassac,
Lalinde,
Villefranche-de-Lonchat,
Puyguilhem,
Fonroque,
Labastide-Monestier,
Monpazier,
Beaumont du Périgord,
Molières... Todas son de
origen inglesa. Sólo
Eymet excepción francesa en este
territorio la mandó edificar Alphonse de Poitiers, conde de
Toulouse y hermano del rey San Luís. Todas esas ciudades,
levantadas en un plazo de unos años, tienen características
comunes: un plano escaqueado en el que calles y callejas (carreyrous)
se articulan alrededor de la plaza mayor, de su mercado y de
sus soportales. Esta plaza es un centro de vida, de
administración y de comercio en el que no está la iglesia:
casi siempre se la construye apartada, como para indicar la
realidad de la separación de los poderes. ‘la charte des
coutumes’ (carta de las costumbres) fija las reglas de la vida
cotidiana de modo democrático, lo que puede sorprender. Así
que, las ‘bastides’ nos prueban de modo evidente que la Edad
Media no fue sólo un período negro y retrógrado.

Florilegio románico y gótico El Pays de Bergerac guarda gran
número de iglesias, capillas y abadías creadas gracias a la
fuerte influencia de la religión. Arquitecturas románica y
gótica, perfecta harmonía de los volúmenes y juegos de sombras
para una, resplandor y exuberencia de la luz para otra. Mescla
refinada de los dos estilos en
Vélines, delicada huella
‘saintongeaise’ en
Montpeyroux. Imponente
edificio fortificado en
Beaumont, admirable exactitud
de proporciones en
Liorac... Modestia
encantadora en
Paunat y medidas orgullosas...
Belleza variedad infinita de las formas.
Vivir
en castillos
Si se admite que Périgord es exactamente “el país de los mil y
un castillos”, se puede afirmar, sin exagerar, que es por
parte importante gracias al Pays de Bergerac. El
castillo de Biron es un
conjunto prodigioso en el que la sobriedad medieval rivaliza
con la elegancía del Renacimiento. Bridoire presenta iguales
características, también
Lanquais, magnífico palacio
muy interesante históricamente porque está enteramente
amueblado. No muy lejos de Villamblard,
Montréal fue castillo de
veraneo, y sitio de peregrinación; el doble recinto defensivo
dominando el bonito valle del Crempse, queda de la
construcción del origen (siglo XII). Destruído por parte por
un incendio en 1885, el
castillo de Montaigne vio
nacer y morir al gran escritor del Périgord. “La torre de la
librería” donde
Michel Eyquem de Montaigne
escribió los ‘Essais’, por dicha , quedó intacta. Arquitectura
renacentista que no hubiera aún apartado completamente la
influencia medieval, una silueta de cuento de hadas... Rodeado
por el famoso viñedo de igual nombre, el
castillo de Monbazillac
resguarda un
museo de la vid, cuenta el
protestantismo en nuestra región y... ofrece una vista
panorámica magnífica a Bergerac y al valle del Dordogne.
‘Bastides’, iglesias y abadías, fortalezas, castillos, casas
solariegas... La felicidad ¿no está siempre en Pays de
Bergerac en correlación con el descubrimiento de uno u otro de
esos maravillosos testigos del pasado?
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